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En el nombre de la ciencia

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Se me eriza los pelos de la nunca sólo imaginándome en pleno siglo XV, en una calle sin empedrado, de cualquier pueblo o ciudad de aquella España, da igual el lugar, una calle en donde discurría las inmundicias por el albañal. Con una iluminación escasa o sólo bañada por la luz de la luna dejando en tinieblas los soportales de las casas, apretujadas entre ellas como recelosas de los escasos viandantes que circulaban a altas horas de la noche. Todo sumido en silencio, roto de vez en cuando en la lejanía por algún grito de "agua va". Una época oscura la de aquel periodo, pero más tétrico era escuchar una frase que suponían una condena en un lugar más terrible que el infierno "téngase a la inquisición", incluso de día este sencilla pero diabólico enunciado era capaz de helar la sangre hasta al hombre con más coraje y agallas de aquella época.

Uno no sabía cuando podía ser requerido por tan funesto poder, pero de lo que si estaba seguro es que de una pieza no saldría. Los inquisidores contaban con numerosos medios para hacer confesar hasta un mudo lo que ellos quisieran escuchar.

Cada época tiene una serie de instituciones y organismos para mantener intacta un conjunto de ideas, que en aquel periodo se centraban en el mundo religioso.

Hoy en la actualidad parece que aquello queda lejos, pero sin embargo esta habiendo rebrotes de fanatismo no sólo en el aspecto religioso sino también en otros campos, como la ciencia, enemigo encarnizado a todo aquello que huela a espiritualidad.

Muchos científicos y muchos estudiantes preparándose a ello habrán sido capaces de matar a Dios, pero han caído en la vanidad de sustituirle por la Ciencia y creerse ellos mismos mensajeros divinos. Siendo capaces de cometer atrocidades en el nombre de la ciencia, habiendo poca diferencia entre "téngase a la inquisición" y "téngase en nombre a la Ciencia". Habría muchos ejemplos por poner, como aquel trato deshumanizado que dan algunos profesionales de la salud al hacerte sentir como una piltrafilla, o el encarnizamiento terapéutico cuando no hay nada que hacer.

Pero me parece mucho más cruel cerrarse en banda y seguir con una venda en los ojos que impida ver otras posibilidades fuera de todo lo que se pueda demostrar científicamente, porque hay experiencias que a día de hoy sigue sin explicación, y son totalmente marginadas, ya que aquello que no se puede demostrar no existe, sin embargo tampoco son capaces de demostrar su no existencia, por ejemplo el alma, el espíritu, los chacras, el aura...

En otros casos disciplinas como la homeopatía, la fitoterapia, la acupuntura, la kinesiología... no son reconocidos por instituciones científicas o naciones, como en España, mientras que en otros países son aceptadas como medicinas alternativas. Tal vez los que siempre mandan y chupan de bote tengan miedo a nuevas posibilidades, ¿para qué probar alternativas milenarias pudiendo empastillar a los pacientes de productos farmacológicos que tienen efectos adversos? Así el día de mañana acuden con nuevas dolencias.

Los científicos hace tiempo que se rodearon de un halo de divinidad en el momento en el que decidieron jugar con la vida a sus antojos y caprichos, creándola y destruyéndola en pro de su llamado "progreso".

Todavía recuerdo un diabólico documental como diría Íker Jiménez, aterrador, espeluznante. Un video en el que unos científicos experimentaban con animales como ratas, cobayas, ranas... todo aquello que no pueda quejarse, ¡claro! no me había dado cuenta de que son seres inferiores a los que se pueden torturar. Francamente esos argumentos me recuerdan a los que se empleaban en el siglo XV para utilizar a negros como esclavos, como funcionó ya entonces en el pasado se puede seguir poniendo de excusa, en este caso para la investigación con animales.

En el documental los científicos metían a los animales una serie de anestésicos, y para probar su eficacia les ponían una serie de tormentos, primero sin el efecto de los fármacos y después con los anestésicos.

Uno de aquellas pruebas eran introducir a un ratón en un contenedor, el problema reside en que aumentaban gradualmente la temperatura del suelo. Sin el fármaco el animal al llegar a una temperatura que ya no soportaba empezaba a botar, pero al introducir el anestésico como que ya no sentía la temperatura le daba igual achicharrarse (menos mal que paraban pasado un tiempo, sino le hacían a la parrilla y vivo). De todas maneras no deja de ser una crueldad, no me extrañaría nada que lo hubiesen copiado a la inquisición y sus famosos braseros.

En otro video al que me obligaron prestar atención era para mi sensibilidad el más bárbaro. Y no lo digo yo, sino los españoles que fueron a América a la conquista de Tenochtitlan, en el S XV, al ver lo que hacían los aztecas a los pobres conquistadores que apresaban, mientras un tambor resonaba anunciando el momento culmen de la tragedia, desesperados e impotentes al saber lo que ocurriría a sus compañeros que eran conducidos a la cima de la pirámide en dónde había una mesa de piedra ritual. Mientras el sacerdote se preparaba para sacar el corazón de aquellos conquistadores que más les hubiera valido morir en la batalla.

Igual trato daba el científico a la pobre cobaya, a la que aseguraba mediante unas argollas a una mesa de sacrificio de metal, para después pincharle un anestésico pero por razones diferentes a la humanitarias, sino para que el corazón no sufriese daños pos estrés. Y todo para probar una serie de fármacos y ver sus efectos sobre dicho órgano al que extraía privando de la vida al pobre animalito.

Algunos dirán que no hay otras posibilidades, que hay que experimentar en algunos animales antes que en personas para que avance la ciencia. Yo no se cual es la solución para tal dilema...

Corre una leyenda negra con visos de realidad sobre la erradicación de la viruela. En los países más pobres como las autoridades tenían miedo de contagiarse al vacunar ciertas aldeas, prefirieron aniquilarlos desde el aire con helicópteros. En el pasado se temía "téngase en nombre de la inquisición". Pero en la actualidad sería sensato temer un enunciado que puede llegar a ser tétrico "téngase en nombre de la ciencia". Hasta el hombre con más coraje y agallas puede salir espantado de las barbaridades que se hacen en su nombre.

Daniel Prieto Mateos

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