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Cebreros en la división de la Hispania Romana

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Cuando los romanos llegaron a Iberia o Keltiké (en griego), en el año 226 a.c., no venían para conquistarla, sino para combatir a sus enemigos los cartagineses. Durante más de un siglo romanos y cartagineses pugnaron por el control del Mediterráneo occidental librando tres guerras, ''Guerras Púnicas''. El escenario de la principal batalla se desarrolló en la Península Ibérica, estas guerras terminaron con el triunfo de Roma. En el año 238 a.c. para compensar la pérdida de Sicilia y Cerdeña, en poder de Roma, los cartagineses invaden la Península Ibérica, y emprenden su conquista como primer paso para recuperar su hegemonía en el mediterráneo. Pero ni Roma ni los pueblos iberos estaban dispuestos a aceptar. La política expansionista de Cartago alarmó a Roma por lo que ésta firmó un tratado en el año 226 a.c. con el general cartaginés Asdrúbal, el Tratado del Ebro, acuerdo poco firme, por el que Roma limitaba la expansión cartaginesa al sur de este río. Aníbal rompió el tratado, tras el asedio y toma de Sagunto, aliada de Roma, en el año 219 a.c. Con el pretexto de ayudar a Sagunto, Roma envió un ejército mandado por Cneo Escipión, que desembarcó en Ampurias en el año 218 a.c. dando comienzo a la segunda guerra púnica. Los romanos comienzan la conquista de la península Ibérica que duró dos siglos.

Bajo la dominación romana Hispania fue objeto de varias divisiones administrativas. La primera división se hizo, tras la llegada de los romanos, en el año 197 a.c. atendiendo a criterios militares: la Hispania Citerior, la más cercana a Roma y la Hispania Ulterior, la más alejada de Roma, La segunda división vino de la mano del emperador Augusto. Éste decidió asumir las operaciones militares en Hispania contra cántabros-astures donde llegó a finales del 27 a.c. Romano. Una de las más importantes reformas administrativas realizadas por Augusto en Hispania fue la reestructuración provincial. Dividió las provincias en senatoriales las más pacificadas y en imperiales las menos pacificas, la península la dividió en tres provincias: Provincia Hispania Ulterior Baetica (Bética), senatorial, cuya capital era Córdoba. Y dos provincias imperiales Provincia Hispania Ulterior Lusitania, cuya capital era Emerita Augusta (Mérida) y Provincia Hispania Citerior, cuya capital era Tarraco (Tarragona). Poco después, al cobrar máxima importancia esta provincia se llamó simplemente Tarraconensis y se incluyó en ella lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal.

Una nueva división la realizó el emperador Caracalla, en el siglo III de nuestra era, que dura muy poco tiempo. Divide la Citerior otra vez en 2 creando la nueva “Provincia Hispania Nova Citerior” con Asturiae-Calleciae (actual provincia de León). y en el 238 quedó restablecida la Citerior Tarraconensis en su unidad.

Otras divisiones que se realizaron, de otra índole, fueron las de amojonar, señalar con mojones los linderos de una propiedad o de un término jurisdiccional, ello se lo debemos al emperador Adriano. Antonio de Guevara, (1480-1545), Obispo de Mondoñedo, predicador y cronista, del Consejo de su Majestad, en su obra “Una Década de Césares/ el Emperador Adriano” en el capítulo X, dice: Estando en Tarragona vio que los vecinos también tenían diferencias, luchas y conflictos por las demarcaciones de sus tierras lo mismo que en Francia, y proveyó que pusieran mojones de piedra a manera de columnas para delimitar sus tierras “para que no se pudieran hurtar los unos ni mudar los otros”..

En Cebreros podrían encontrarse dos inscripciones de estas divisiones, una de ellas o las dos podrían datar del tiempo del emperador Augusto, cuando hizo la división de Lusitania y Tarraconense. Tras este estudio realizado, siguiendo a unos historiadores u a otros, esta inscripción se encontraría sobre un toro de piedra situado en la orilla del río Alberche o en un mojón que estaría en el Puerto de la Palomera, entre Cebreros y San Bartolomé de Pinares, que bien pudiera haber mandado colocar Adriano. Hasta el día de hoy no se ha encontrado ni el supuesto “toro” en el Alberche ni el “mojón” en La Palomera.

Por el asentamiento geográfico, Cebreros, situado en las coordenadas 40º 27´25´´ Latitud Norte y 4º 28´ Longitud Oeste, se puede considerar que está prácticamente en el centro de la Península Ibérica, muy pocos kilómetros le separan de él. Este hecho le ha proporcionado un lugar estratégico, siendo un paso obligado entre las dos Mesetas, aprovechado por los romanos para colocar en su término el mojón con la inscripción de la división que realizaron. Estas tierras dependiendo donde se encontrara el mojón que dividía la Lusitania de la Tarraconense podrían situarse en la Lusitania, si la inscripción hubiese estado en el toro del Alberche, o en la Tarraconense, si se encontrase el mojón de la Palomera. Dependiendo de esta inscripción Cebreros podría ser vetón o carpetano.

Entre los historiadores que afirman que había un toro de piedra con inscripciones romanas en el río Alberche, citaré a:

Gil González Dávila, sacerdote abulense, cronista de los Reinos de Castilla y de las Indias (1570-1658), en su obra “Teatro de la Iglesia de España” dice, que a parte de los cuatro toros típicos de Guisando, hay otro verraco con inscripciones latinas que en Cebreros delimitaría las provincias Lusitania y Tarraconense.

“Otra más importante para las cosas de España, es la memoria que se halla, no lejos de aquestos Toros (Toros de Guisando), en otro Toro, que está cerca de la Villa de Zebreros, a las riberas del Alberche, que conserva una escritura, que declaraba como hasta allí llegaba la España Tarraconense, y desde allí començava la España Lusitania, sirviendo este Torillo de termino de estas dos Españas: que dice de una parte:

HIC EST TARRACO, NON LUSITANIA, Aquí es Tarragona, no Lusitania. Y de la otra parte: HIC ES LUSITANIA, NON TARRACO. Aquí es Lusitania, no Tarragona.

El "Padre Flórez", de la orden de San Agustín, fue autor de la España Sagrada (ES), obra histórica que sirvió de referente y marcó las pautas a varias generaciones de historiadores. Hace referencia al toro de piedra que dividía a Hispania Tarraconense de la Lusitania en términos parecidos a Gil González Dávila.

El Padre fray Luis Ariz, monje benito, en su libro “Historia de las Grandezas de la Ciudad de Ávila” (1607), cuenta que El Maestro Medina, en el Libro de las Grandezas de España y Sedeño de Varones Ilustres dice:

“Que los cinco toros referidos (toros de Guisando) fueron puestos a honra de Julio Cesar, por quien Metelo había trabajado y Lucio Pocio servido. Y así en medio de los dos toros, que son el primero y el postrero, que tratan de Metelo y Pocio, pusieron los otros tres que hacen relación y memoria de las victorias de Julio Cesar, y afirma haberse puesto allí donde hoy permanecen cerca de la venta de Guisando, (valle que antiguamente así fue llamado sedeño título y lugar asignado, dice estas palabras: Esta batalla se dio cerca de una ciudad llamada Munda y más abajo dice. Esta ciudad de Munda, pienso yo, que en aquellos tiempos fue cerca de lo que hoy llamamos Zebreros, en la sierra de Ávila. Basándose en el letrero del tercer toro y es tradición de viejos de Zebreros, que lo oyeron a sus mayores. Y en los lugares circunvecinos, que afirman que unas ruinas grandes de una población, que hoy permanecen y se ven en la dehesa y pinar que llaman Valdesanmartín, heredamiento adquirido por la Orden de Calatrava, por muerte de D. Luis de Guzmán, Comendador de Azeca, hijo de Gil González Dávila”.

Muchas personas han pensado o piensan que el quinto toro al que se refería el Maestro Medina sería el que estaría enterrado en el Alberche con las inscripciones que dividían a la Tarraconense de la Lusitania. Posiblemente al encontrarse en aquella época uno de los toros roto, partido y semienterrado en la tierra, le contasen doble y en vez de ser cuatro toros dijesen que había cinco.

D. Martín Carramolino, abogado e historiador abulense, en “Historia de Ávila su provincia y Obispado (1872)” dice:

“que existía una gran piedra o toro, distinto de los de Guisando, que no lejos de allí se hallaba y ahora no se encuentra, pero consta que existía en un cercado inmediato al Alberche, con la doble y notabilísima inscripción

HIC EST TÁRRACO, NON LUSITANIA. Esta es la provincia Tarraconense, no la Lusitánica

En el otro costado

HIC LUSITANIA, NON TÁRRACO. Aquí es Lusitania, no Tarragona.

Esta inscripción demuestra por sí sola que es posterior a las de Guisando, porque como la siguiente división de España en las tres provincias, la Bética, la Tarraconense y la Lusitánica, debida a la administración de Octavio, fue la primera de las establecidas por decretos de los primeros emperadores, y muy anterior a las hechas después en cinco y en siete provincias por Constantino y Theodosio; y como apenas se alteraron los límites de la España Citerior, que comprendía casi todo el territorio conservado a la Tarraconense, Guisando y Cebreros y toda la cordillera de montañas que dividen por este lado las dos Castillas, fueron los lindes de las dos primeras y grandes secciones en que los romanos dividieron nuestra España la Ulterior y la Citerior, y después de las dos provincias la Tarraconense y Lusitánica.

No sabemos si estos historiadores que afirman que había un toro de piedra con inscripciones romanas, en el río Alberche, fueron testigos oculares del hecho o se limitaron a escribir de oídas.

Otros historiadores dicen que en el Puerto de la Palomera existía un mojón que dividía la España Tarraconense de la Lusitania, entre ellos puedo citar a:

Luis Ponc d´Icard, en el Libro de las Grandezas y cosas memorables de la antiquísima, insigne y famosa ciudad de Tarragona, copilada por el mismo Luis Pons de Ycar, en el Capitulo III, titulado: de la provincia de Tarragona y hasta donde llegaba antiguamente, dice:

“Según Alonso Venero en el Inquiridion de los tiempos, en cartas lxxv, la Tarraconense toma toda Cataluña y el reino de Aragón y toda Cantabria hasta los montes Pirineos, y desciende por las montañas de Miera y Trasmiera y toma el nacimiento de Duero, Ebro, Pisuerga, Carrión, Arlança y Arlarçón, y ocupa mucha parte de los cursos y meatos de estos ríos. También dize que el fin de esta provincia tarraconense hasta aquí no estaba puntualmente conocido, y que de poco acá se sabe donde es el cabo y donde comiença otra provincia. Y assí escribe que andando una persona de mucha fe muy curiosa de las antigüedades de España en la Palomera de Ávila, entre Cebreros y las Navas del Marqués, halló una piedra hiniesta con letras en latín escrita de una parte y de otra y en la una parte dezía:

«Hic est Tarraco et non Lusitania»

Dando a entender que hasta allí es la provincia de Tarragona e de la otra parte dezía: «Hic est Lusitania et non Tarraco» Demostrando que allí comiença la provincia de Lusitania y assí da a entender la dicha piedra a donde llega la provincia de Tarragona y do comiença la Lusitania.

Y de la ciudad de Tarragona hasta el lugar do está la dicha piedra ay ciento y cinquenta leguas poco más o menos.

Juan Francisco Masdeu, en su “Historia Critica de España” Tomo VI pag. 154 en el capítulo VI. PROVINCIAS, CONCILIOS, CONVENTOS, Y ÓRDENES DE LA ESPAÑA PRERROMANA escribe:

Los romanos dividieron la España en Provincias, y las provincias en Conventos, o Jurisdicciones. Llamaban concilios a las Juntas generales, y dabanle nombre de Órdenes a los Magistrados, que gobernaban las ciudades, a imitación del Senado de Roma

ARTICULO PRIMERO
Provincias
La inscripción que lleva el nº 813 dice:
HIC EST TARRACO
ET NOM LUSITANIA
HIC EST LUSITANIA
ET NON TARRACO

Se puso esta piedra en la raya de las dos provincias Tarraconense y Lusitana, en el término que llaman Puerto de la Palomera, cerca de Cebreros y de Guisando. Las dos primeras líneas miraban a oriente y las otras dos a poniente.

Eduardo de Mariategui, en su obra “El Arte en España” Vol. 4, Madrid, 1866, 44-48 Antigüedades de España. Toros de Guisando.

Hablando de los toros de Guisando dice:

“En el año 27 a.c. se reformó la división del territorio español bajo el consulado de Augusto. Siendo entonces una misma división civil y la religiosa que ha llegado hasta nuestros días, tenemos un dato seguro para robustecer nuestra opinión en la coincidencia en estos sitios de los confines de la diocesis de Toledo, Ávila y Segovia, por el mismo hecho confinaban aquí la Bética, Lusitania y Tarraconense siendo este sitio limítrofe de los Arevacos y Bacceos, Carpetanos y Vettones; y de ello hay una prueba de una piedra que estaba a menos de seis leguas al Norte de los toros en el puerto de la Palomera en la cual había según Masdeu la inscripción que entre las suyas lleva la nº 813 y dice:

Hic est Tarraco et non Lusitania
Hic est Lusitania et non Tarraco

Este historiador también nos confirma que Cebreros y Guisando, por su situación geográfica y limítrofe de los pueblos carpetanos y vettones habría sido elegida como división de Hispania.

Según este estudio, que he realizado, pudieran haber existido en el límite de Cebreros dos inscripciones que dijesen lo mismo, la división de la Hispania Lusitania, de la Hispania Tarraconense, una sobre un gran toro de piedra situado en el río Alberche y otra en un mojón en el Puerto de la Palomera.

 

JOSEFINA MATEOS MADRIGAL

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