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Los médicos, los políticos y la pandemia

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Los médicos, los políticos y la pandemia.

El mundo está cambiando... lo siento en el agua... lo siento en la tierra... lo huelo en el aire. Así comenzaba con aquella voz en off la primera de las películas de la trilogía del Señor de los anillos basada en los libros de fantasía de Tolkien. Pero hoy también nos vale para la situación que estamos viviendo.

Los médicos herederos de los antiguos chamanes que ya acompañaban al germen de la sociedad hace millones de años en su aventura en este mundo durante la prehistoria. Ya recogida su identidad en la mitología griega, a través del Dios Asclepio o Esculapio, para los romanos, hijo de Apolo y Coronis, enseñado directamente del centauro Quirón en el monte Pelión, la ciencia médica. Pero no solamente la cultura greco-romana tenían a la figura de los médicos, también hay datos de esta profesión en la India, el antiguo Egipto o China. Siendo el padre de esta profesión Hipócrates. Pero no solo es una profesión, es un arte refinado a través de miles de años por diversos personajes de diferentes países y culturas, ya sean por mencionar algunos pocos, Galeno, Avicena, Averroes, Abulcasis, William Harvey y así miles y miles de médicos entregados a una sola causa, el poder curar enfermedades cuando se puede, acompañar cuando no hay solución y consolar cuando no queda más en la vida de los pacientes. No nos engañemos los médicos no son dioses, son seres humanos con sus preocupaciones y temores, que enferman y también muchas veces mueren al lado de sus pacientes, y no hay que remontarse a las diferentes plagas que han asolado nuestra civilización hace cientos de años, ya sean las pestes u otro tipo de pandemias, en dónde nuestros médicos morían a centenares hasta que se descubría el vector que transmitía la enfermedad. Hoy por desgracia el mundo se ve amenazado por un nuevo virus, el Covid-19.

Y hoy de nuevo la sociedad vuelve a mirar a los profesionales sanitarios, ya sean médicos, enfermeras, auxiliares o personal de limpieza que trabajan sin descanso en los diferentes hospitales, centros de salud, viéndolos como héroes que luchan en una guerra. Pero no nos equivoquemos, primero esto no es una guerra, en una guerra hay un enemigo al que se le puede matar, un enemigo racional que utiliza diferentes estrategias para derrotarte. Esto es un virus, una partícula de ADN o ARN cuyo única función es infectar organismos vivos para poder replicarse y seguir expendiéndose, sin ninguna inteligencia. Segundo, aquí no hay trincheras, como médicos y demás profesionales sanitarios a diario nos enfrentamos a agentes infecciosos de los cuales nos tenemos que aislar en muchas ocasiones completamente, ya sea de contacto o transmisión aérea. Lo único que la particularidad de esta situación es el desbordamiento y colapso de nuestras estructuras sanitarias por la falta de previsión de los políticos que mas adelante nos meteremos en ello. Y tercero no somos héroes, somos profesionales que en la mayoría de las veces estamos por encima de las deficiencias materiales, personales o de conocimiento de nuestro día a día, dando la talla a pesar de las adversidades.

Y es que la medicina y enfermería para muchos de nosotros es una vocación. Y en el caso particular de la medicina, una carrera que solo se accede con las mejores notas y expedientes, de 6 años de duración con innumerables horas de estudio que se prolongaran toda la vida laboral para mantenerse actualizado, con una prueba de acceso a una especialidad durísima que requiere como mínimo un año de preparación y con periodo de formación de residencia entre 4 y 5 años y tras ellos en la mayor parte de los casos mal vivir con contratos basura de renovación muchas veces de mes en mes, supliendo bajas de otros compañeros dado que no hay suficientes oposiciones en la comunidades autónomas, con la incertidumbre de no tener estabilidad laboral. Y en estas condiciones, en los últimos años los profesionales sanitarios han sido pisoteados por muchos de aquellos que ahora aplauden desde sus balcones. Ahora que necesitan gente que se sacrifica directamente sin material sanitario para protegerse ante la peligrosidad del virus, los ojos de la sociedad vuelven a girarse a los sanitarios, que ya no dependen de futbolistas, personajes de la farándula y demás individuos venerados como dioses por una sociedad aborregada por nuestros políticos.

Los mismos que aplauden eran los mismos que estaban ansiosos de poner denuncias por supuestas negligencias, no hay que olvidar que a la salida de los grandes hospitales había gente repartiendo publicidad de abogados deseosos de denunciar y ganar dinero a los sanitarios, que no digo que no existan negligencias porque en la viña del Señor hay de todo, hay buenos profesionales y hay profesionales menos cualificados, pero ese clima de mirar con lupa fue creando una medicina llena de complejos, una medicina a la defensiva, dónde los médicos eran seres repudiados a los que incluso se les podía gritar, agredir en las consultas y despreciar.

Los datos están en la hemeroteca, cada vez había más agresiones a los sanitarios. Profesionales médicos que en todas las épocas de crisis han sido foco de atención para mal, puesto que los políticos de turno han desviado la atención de sus desmanes e incompetencia contra este colectivo, a los que llamaban los privilegiados, para poder recortar sueldos y presupuesto sanitario, haciéndolos trabajar durante muchísimas horas seguidas en pésimas condiciones. Los llamaban los ricos, los grandes beneficiados, pero ahora podemos contemplar que sobre sus hombros siempre ha recaído la responsabilidad de luchar por la vida de los pacientes.

Y por culpa de los políticos, que actualmente son el nuevo estamento privilegiado, único a diferencia de la edad media, dónde era la iglesia y la nobleza, actualmente tenemos a este grupo parasitario que tienen en contrapartida de la población a la cual dicen que representan, numerosos beneficios económicos a la hora de desempeñar sus funciones y que se prolongan más allá de su vida laboral, tan escueta, con asignaciones económicas vitalicias que es realmente lo que está lastrando a la economía española. Han puesto sobre los médicos la responsabilidad de ser jueces y verdugos, dado que los numerosos recortes en el ámbito sanitario a lo largo de las diferentes legislaturas y la falta de previsión del actual ejecutivo, a pesar de todos los informes que tenían en las manos desde enero, sobre lo que podía causar el Covid-19, haciendo caso omiso y actuando de manera tan temeraria al permitir manifestaciones, eventos festivos, deportivos y actuaciones de música, han causado una falta flagrante de material médico necesario, provocando que los médicos tengan que decidir quienes son subsidiarios de poder ingresar en una UCI o de tener medidas terapéuticas necesarias como la ventilación mecánica invasiva necesaria para tratar la insuficiencia respiratoria que puede causar el coronavirus. Si, se ha cambiado el tratamiento necesario por falta de recursos por la sedación en muchos pacientes que sólo por cumplir con cierta edad ya se les ajusticia a dejarlos morir. Aquellas generaciones previas a los años 50, que con su esfuerzo y sudor han conseguido que este país funcionase durante años, ahora se les da la espalda, se les abandona en habitaciones dónde mueren solos ahogándose en la neumonía. Padres, abuelos que nos han acompañado de la mano y ahora no tienen quienes puedan sostener la suya.

Nacemos y morimos solos pero siempre estábamos rodeados de nuestros seres queridos, ahora los hemos arrebatado hasta eso. Y mientas seres inhumanos en países como Holanda dicen lo mejor es dejarlos morir, no hay palabras para calificar aquellos que defienden estas posturas tan desalmadas.

Y es que los políticos de este país o de otros, que han ido negando la evidencia a pesar de las múltiples voces que se alzaban desde la comunidad científica advirtiendo de esta hecatombe que estamos viviendo, han ido restando importancia hasta que se han visto desbordados y sin tiempo para tomar las decisiones correctas y necesarias, una “gripecilla” decían unos, otros afirmaban, como el presidente mexicano, que solo afecta a los pobres, o como diría el presidente brasileño, “El brasileño no se contagia de coronavirus porque bucea en alcantarillas y no le pasa nada”. Por lo visto, la incompetencia de los políticos es global, o nuestro sistema democrático está podrido porque los políticos ya no trabajan ni representan al pueblo, solo trabajan para ellos mismos independientemente del color y de su posición ideológica, nada más hay que ver en este país que aquellos que despotricaban sobre las castas son los que mejor han prosperado a nivel personal. Nos olvidamos del refranero y la cultura popular “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Desde que se empezaron a tener casos en China hubo tiempo de actuar, pero el sentido común es algo de lo que adolecen los políticos. Y es que en nuestro sistema democrático ya no nos gobiernan los más capacitados y con más experiencia para el área que deberían desempeñar, fíjense que el ministro de sanidad española no es un médico sino un filósofo por poner un ejemplo, los que gobiernan actualmente son los que mejor engañan a una población en la que falta educación y cultura para poder discernir y elegir sabiamente quién quiere que les guíe. Por desgracia el mal ya está hecho y sobre su conciencia, si la tienen, deberían pesar las miles de muertes y familias destrozadas para siempre.

Otro aspecto preocupante es el periodismo, que ya no es independiente. Mariano José de Larra y Sánchez de Castro, padre del periodismo, debe estar revolviéndose en la tumba. Viven lamiendo las manos de aquellos que los alimentan, en este caso, el gobierno y los políticos, no informan, manipulan hasta la saciedad y se han convertido en una troupe de juglares que venden historias dependiendo de cómo soplen los vientos de sus amos. Pero no todo está perdido, alguno queda, como el periodista Iker Jiménez, que ya en febrero rodeándose de expertos avisaba de esta situación aunque seguramente nunca llegarían a pensar que alcanzaría tal devastación.

Por lo tanto esta pandemia se debe convertir en una herramienta al igual que el fuego que renueva y consume lo viejo, siendo la sociedad a través de las cenizas creadas la que dé este paso de valientes y provocar una transformación en nuestro sistema político, acabando con los fueros de este estamento, exigiendo tener a los más capacitados para que nos gobiernen. No aplaudan, porque el sonido se lo lleva el viento, conviertan esa energía en movimiento para actuar y ser los héroes de este siglo que transformaron nuestra sociedad, porque nosotros los médicos no somos los héroes, solo somos profesionales que desempeñan su labor y su arte a pesar del menosprecio que hemos sufrido a lo largo de tanto tiempo. Siempre estaremos ahí, en tiempos buenos y en tiempos malos.

Fdo: Doctor Prieto Mateos.

1 de abril de 2020

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