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Inés de Cebreros

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Nació en el año 1435 en Cebreros, Ávila, murió en Toledo en el mes de septiembre de 1525. Fue beata del Monasterio de San Pablo entre 13 y 14 años y después se incorporó en la orden de este monasterio, dejando el nombre de beata se llamó monja de San Jerónimo. Hizo profesión el día 16 de abril de 1506.
Santa y sierva de Dios, conocida tanto por su nombre como por su santidad. Tuvo muchas visiones y revelaciones mostrando que venían del cielo. Llevó una vida ejemplar de obediencia, humildad, recogimiento y silencio, dándose a la oración y meditación. Se transportaba y arrobaba todas las veces que iba a comulgar, quedando fuera de sí, con poco o ningún uso de los sentidos. Cuando volvía de estos trasportamientos hablaba de asuntos muy particulares a algunas personas que se le encomendaban, tanto difuntas como vivas, dando avisos de cosas que les convenía hacer para agradar a Dios, y para descargo de sus conciencias. Como muchos dudaban si era cosa fingida y para prueba de esto hicieron en ella demasiadas experiencias, hincándola alfileres, lastimándola y maltratándola indiscretamente.
Esta santa mujer llegó a tanta perfección de vida y alcanzó tanta gracia delante del Señor por sus muchas virtudes y merecimientos, que entre otros favores y mercedes su Majestad Divina la hizo, viviendo en esta vida, uno muy particular y grande. Estando en el coro orando una religiosa llamada Doña Teresa de Guevara vio que salían unos rayos de gran resplandor de la custodia donde estaba el Santísimo Sacramento y daban en el rostro y cara de Inés de Cebreros. Espantada Doña Teresa de esta extraña maravilla, tuvo revelación de que aquella era gran sierva de nuestro Señor y que la amaba mucho.
En los primeros años de su religión, después de haber comulgado fue arrebatada en espíritu y una persona vestida de blanco la llevó al monte Calvario, y allí vio un crucifijo corriendo sangre de las llagas, y estando así se la presentaron todos los pecados que había hecho en su vida. Cuando volvió del éxtasis hizo una confesión general.
En uno de estos trances fue llevada al Purgatorio y vio algunas almas que eran atormentadas. Conoció entre aquellas almas que purgaban a una religiosa de San Pablo, con quien había tratado, padecía una pena muy grande que la propiciaba mucho tormento, tenía una serpiente de fuego ceñida a la cintura.
Tanto se decía de su fama de santidad por toda España que el marqués de Villena, don Diego López Pacheco, fue a rogar y pedir que le encomendase a nuestro Señor porque tenía algunos negocios y aflicciones que le ponían congoja. La santa Inés de Cebreros le habló largo y le declaró acabo de algunos días cosas muy señaladas y particulares que después sucedieron.
En algunas ocasiones se aparecían a esta santa mujer las ánimas de algunos difuntos para encomendarse en sus oraciones y la manifestaban sus necesidades y la pedían que rogase a Dios por ellas. Muchas veces veía al demonio andar entre las religiosas tentándolas para que murmurasen unas de otras y a que hicieren otros males. También vio como el demonio estaba en unas niñas de poca edad para que no se persignasen bien con la señal de la cruz.

Un caso prodigioso sucedió cuando era beata. Estaba esta santa calentando el horno para cocer el pan, cuando ya estaba caliente para echar el pan, se cayó la cubierta del horno sobre el fuego y quedo de tal disposición que no era posible volver a cocer en él. Viendo esto Inés de Cebreros, porque no tenía el convento bocado de pan que comer aquel día, volvió sus ojos al Cielo y poniendo todas su confianza en el Señor hizo la señal de la cruz e invocando su santo nombre entró en el horno y levantó lo que se había caído, arreglándolo de manera que puedo cocer el pan sin que ella padeciese lesión o daño alguno ni señal en un pelo de la ropa. Las demás siervas que vieron tan extraño milagro alabaron al Señor que obraba con tan manifiestas señales declarando la santidad de esta beata para gloria de su Santo Nombre.
Estando en los últimos días de su vida una religiosa la estaba leyendo la pasión de Nuestro Señor, volviéndose la madre santa a otra religiosa que también estaba allí, la cual era muy amiga de la que estaba leyendo, la dijo: Nuestro Señor llevará muy en breve para sí a fulana, tu amiga, la que leía, por eso ten paciencia y conformidad con la voluntad del Señor. Así sucedió que de allí a cinco días murió de dolor en el costado, lo cual se cree que Nuestro Señor quiso revelarlo a esta su sierva como la reveló otros muchos secretos.
Cuando Dios la llamó a su presencia tenía noventa años, le dio un dolor de costado y entendió que nuestro Señor la quería llevar a descansar a su Gloria. Recibió los sacramentos comulgando sin arrobamiento lo que fue un hecho singular porque en más de cincuenta años jamás comulgó que no lo tuviese y de muchas horas y tan repentinos que tenían que apartarla las hermanas de la ventana por donde comulgan para que pudiesen llegar las demás. Antes de morir dijo en voz baja, de suerte que lo pudieron oír algunas de las que estaban circunstantes: Vos Señor todo mío y yo toda vuestra. Y con estas palabras acabó en el Señor esta santa mujer.
Está enterrada en el capítulo de su misma casa en el Monasterio de San Pablo.
Inés de Cebreros fue tratada como santa durante muchos siglos, nunca se la llegó a canonizar ni a beatificar. Se la veneraba y se la tenía gran devoción sobretodo en su época. Poco a poco fue cayendo en el olvido. Entre otros muchos hechos se pueden destacar los éxtasis y arrobamientos cuando comulgaba, que era transportada a otros lugares llegando a durar hasta doce horas; se comunicaba con los espíritus de personas fallecidas transmitiendo sus mensajes a familiares y amigos, también predecía cosas que luego ocurrían en el tiempo que ella vaticinaba.
Es de justicia recuperar la memoria de esta monja cebrereña para la posteridad y que pasara a engrosar la lista de beatas, santas y grandes personajes históricos que Ávila y su tierra han dado a España. Cebreros ha sido cuna de grandes personajes históricos como: un presidente de gobierno, conquistadores, escritores, teólogos, beatos, religiosos…

JOSEFINA MATEOS MADRIGAL

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