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Humilde tributo a los animales

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Quien ame a los animales entenderá
y comprenderá lo que aquí escribo:



Me gustan mucho los animales, particularmente los perros, desde niña, los tuvimos en casa; que yo recuerde, fue del mar de donde trajimos una perrita tipo salchicha a la que pusimos nombre "Marinera".

¡ Cuanto lloramos cuando murió!

Quizá alguien haya escuchado una frase que mi amá decía: "Tope en los animales"; ello por querer decir:"Gracias a Dios que le sucedió a un animal, no a una persona". Nuestro siguiente perro fue "el Rayo", jugábamos a las escondidas y siempre me encontraba, a él lo atropelló un carro.Ya casada, a Edgar nuestro hijo de catorce años, le regalaron una perrita preciosa pastor alemán, le puso el nombre de "Lady", muy bonita y juguetona nos causaba risa, verla en tiempo de calor con las patas hacia arriba frente a la refrigeración encendida, si estaba apagada hacía lo mismo. Fue en el eje vial donde la aventó un carro y murió instantáneamente, ahí junto a ella en la banqueta, se puso a llorar nos dijo un amiguito de él, llegó a la casa gritando de dolor, contagiándonos con su pesar, llegó mi hermano Sergio, la recogieron y la llevaron a enterrar. Me emociona escuchar a Alberto Cortés con sus temas que son vivencias hechas canción, le admiro aún más por que ama a los perros, en varias de sus canciones les rinde homenaje; lo mismo canta al abuelo a la madre, al amigo, al árbol, a las flores, a los ladrones, a su pueblo, plasma los sentimientos cantándole al amor porque en la vida todo es amor; volviendo a los perros escuchar "callejero", es como un himno a ellos...

"Era callejero por derecho propio

su filosofía de la libertad,

fue ganar la suya sin atar a otros

y sobre los otros no pasar jamás.

Aunque fue de todos nunca tuvo dueño

que condicionara su razón de ser,

libreo como el viento era nuestro perro,

nuestro y de la calle que lo vio nacer.

Era un callejero con el sol a cuestas,

fiel a su destino y a su parecer,

sin tener horario para hacer la siesta,

ni rendirle cuentas al amanecer.

Era nuestro perro y era la ternura,

que nos hace falta cada día más,

era una metáfora de la aventura,

que en el diccionario no se puede hallar.

Era nuestro perro porque le amamos,

lo consideramos nuestra propiedad;

Y era de los niños y del viejo Pablo,

a quien rescataba de su soledad.

Era un callejero y era el personaje,

de la puerta abierta en cualquier hogar,

era en nuestro barrio como del paisaje,

el sereno, el cura, y todos los demás,

era el callejero de las cosas bellas,

y se fue con ellas cuando se marchó.

Se bebió de golpe todas las estrellas,

se quedó dormido y ya no despertó;

nos dejó el espacio como testamento,

lleno de nostalgia lleno de emoción,

vaga su recuerdo por los sentimientos,

para derramarlos en esta canción..."

... En nuestra cuadra había uno, los vecinos le dábamos de comer, era muy agradecido y noble, fue el padre de los hijos de nuestra "Hillary" perrita que papá trajo a nuestra hija, hoy de veintidós años, casada y en Utah; le preguntaban a qué raza pertenecía; mi esposo le decía: diles que es "tuper ware" (tiene de todo) y a pesar que era común y corriente, era más corriente, y eso no lo hacía menos inteligente, cariñosa y obediente. Cuando la niña tenía nueve años, la ayudó en sus partos, iba recibiendo uno por uno a los perritos, secándoles la sangre con un trapo; como una partera de experiencia; en un desfile la vistió, le puso gorro y le colgó un chupón, por ahí andaba un fotógrafo de la prensa y le tomó una foto.

Cuando la "Hillary" tenía cuatro años, le operaron de un "dedo accesorio", me dijo el doctor Fierro Kortrigh; a los cinco le hicieron la salpingoplastia (los famosos "amarres"), y en esa ocasión llegó mi esposo con ella en brazos; aunque estaba sedada, Paula Deneb y yo la creímos moribunda y nos pusimos a llorar. Sin embargo, a los meses ya "andaba de novia", pero libre de embarazarse.

Lo más triste ocurrió aquel día en que amaneció desangrándose, tenía ocho años ya, y con los ojos vidriosos, nos miraba muy triste como diciéndonos "llévenme al médico"; apenas se sostenía en pie, la llevamos a la clínica veterinaria; sus intestinos estaban perforados por un virus muy agresivo nos dijo el médico, la canalizaron para aplicarle suero y medicinas para ver que se podía hacer.

Al rato entré para despedirme y le dije "Hillarita, vas a estar bien"; se paró rápidamente, para caer enseguida; estaba ya sedada, pero conoció mi voz. Fue la despedida, porque a los dos días nos llamó el médico para avisarnos que había muerto.

Cómo no haber querido "la Hillary" si en una ocasión que estábamos solas en casa, se me cerró la garganta por problemas del tumor cerebral, no podía gritar ni pedir ayuda, salí a la privada haciendo señas y ella ladraba como desesperada a mi alrededor, hasta que , gracias a Dios, pude respirar.

A manera de paréntesis, creo importante manifestar mi admiración a los médicos, veterinarios por su amor y dedicación a los animales.

Definitivamente, el símbolo en los perros, es la lealtad, devoción y protección. Por eso siento cariño hacia personas que tienen estos animales y saben darles amor y atención, como nuestros amigos Carmen Jorge Barrón y familia; me consta, pues he contado en su casa hasta trece perros.

Hace días nos reunimos con ellos y aunque ustedes no lo crean, el tema "perros", fue extenso.

Nos platica mi apá, un viejo privilegiado de noventa y cuatro años, lúcido, con una memoria extraordinaria, ahora, muy delicado de salud (Quehacer Cultural del 23 de noviembre de 2003), que en 1944, llegó a la familia de los abuelos paternos un "bracero" originario de Michoacán llamado Raymundo García. Desde niña, le recuerdo como a un familiar respetuoso y muy trabajador; falleció en los noventa, tenía un perro negro que lo acompañaba por todas partes. El día que Raymundo falleció escuchamos como se quejaba su animal: parecía adolorido y sólo deseaba estar muy cerca del féretro; lo corrían y regresaba, lo corrían de nuevo y volvía; estuvo una semana triste y sin comer; no volvimos a verlo, se perdió.

Son tan fieles los animales que me hacen recordar una frase para muchos conocida: "Entre más conozco al hombre, más amo a mi perro". Hay un canal por televisión donde se pueden ver a todos los animales del universo, su "modus vivendi", cómo sobrevive cada uno a expensas de otro, desde un insecto hasta un elefante; cómo y de qué manera se alimentan, cuán admirable la inteligencia en algunos, su instinto, su manera de defenderse...etc (Continuará)

Paula Soto Cebreros

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